El Decamerón

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Hubo muchos razonamientos entre las mujeres y los jóvenes, pero al fin consideraron útil y honesto el consejo del rey y resolvieron hacer lo que él había indicado. Por lo cual el rey, haciendo llamar al mayordomo, discutió con él lo que debía hacerse a la siguiente mañana y, licenciando al grupo hasta la hora de la cena, se levantó. Las mujeres y los demás, levantándose también, se entregaron unos a un entretenimiento y otros a otro, como solían. Y, llegada la hora de la cena, con sumo placer a ella se entregaron, y luego comenzaron a cantar, tocar y danzar. Y, como Laurita dirigiese un baile, ordenó el rey a Fiammetta que dijese una canción. Ella, muy risueñamente, comenzó así:

Si viniese el amor sin darnos celos

no habría mujer nacida

que contenta cual yo vivir su fiera.

Si juventud alegre

debe mujer buscar en bello amante,

o de mérito ornato,

o valor, o proeza,

o urbanidad, talento y habla fina,

o gentileza entera,

yo encuentro todo eso, porque ciertas,

estando enamorada,

todas las veo en la esperanza mía.

Pero como reparo

que otras mujeres son cual yo discretas,


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