El Decamerón
El Decamerón de pavor me estremezco
y, lo peor pensando,
temo ver en las otras un deseo
que me traspasa el alma;
y así el que es para mí suma ventura
me hace, desconsolada,
suspirar y encontrarme en triste vida.
Si tanta fe tuviese
en mi señor cual tengo en su valía,
no estaría celosa,
mas tantas hay que invitan al amante,
que delincuentes júzgolas a todas.
Y esto me aflige, y moriría presta,
que de cuantas le miran
sospecho y temo que se me lo lleven.
Así, por Dios a todas
las mujeres suplico que no intenten
hacerme en esto ultraje,
porque si hubiere alguna
que con palabras, signos o mohines
mi daño aquí buscare,
tenga por cierto que de yo saberlo,
si no pierdo el sentido,
la haría arrepentir de tal locura.
Cuando Fiammetta hubo terminado su canto, Dioneo, que estaba a su lado, le dijo, riendo: