El Decamerón
El Decamerón Tenía Jacobino en casa una criada de años y un criado de nombre Crivello, que era hombre jovial y amistoso. Trabó con él intimidad Giannole y, cuando le pareció ocasión, le descubrió su amor y le pidió que favoreciese su deseo, prometiéndole en cambio grandes cosas. Y Crivello dijo:
—No podré en esto hacer otra cosa por ti sino, cuando Jacobino vaya a cenar fuera, ponerte en sitio donde esté la moza, ya que si yo tratase de hablar por ti, ella no me escucharía. Lo que te digo, sí te lo prometo, si te place, y luego haz tú, si sabes, lo que creas conveniente.
Giannole le dijo que no necesitaba más y en ello se convinieron. Entretanto Minghino había, por su parte, persuadido a la criada, la cual varias veces había ya llevado recados a la muchacha, casi logrando encenderla en amor del joven, y la mujer prometió al galán darle paso a la casa si alguna vez Jacobino estaba fuera.