El Decamerón

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Y sucedió que no mucho después de aquellas palabras, Jacobino, por obra de Crivello, fue a cenar con un amigo suyo. El criado lo hizo saber a Giannole y se convino que, cuando se hiciera cierta señal, el joven llegaría y hallaría la puerta abierta. Por su lado, la criada, ignorante de esto, mandó decir a Minghino que Jacobino no cenaba en casa y que, cuando él advirtiese cierta señal, fuese, y ella le abriría. Con lo que, a la noche, sin que ninguno de los galanes supiera el caso del otro, pero del otro sospechando, con algunos compañeros armados a la cita se dirigieron. Minghino, con los suyos, para esperar la señal entró en casa de un amigo suyo, vecino de la joven. Y Giannole, con los suyos, se apostó no lejos de la casa.

Como Jacobino no estaba, Crivello y la criada porfiaban quitarse de en medio el uno al otro. Decía Crivello a la sirvienta:

—¿Por qué no te vas a dormir? ¿Qué haces dando vueltas por la casa?

Y la criada aducía:

—¿Por qué no sales al encuentro del señor? ¿Qué esperas, ya que has cenado?


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