El Decamerón
El Decamerón Spinelloccio, pues, separándose de Zeppa y, tras dar una vuelta, fue a buscar a la mujer de su amigo y, apenas entraron en la alcoba, Zeppa regresó, y la mujer, mostrándose muy temerosa, hizo penetrar a su amante en el arca que dijera su marido, y encerróle y salió de la cámara. Zeppa, al llegar, dijo:
—Mujer, ¿es ya hora de almorzar?
—SÃ, ahora mismo.
Dijo entonces Zeppa:
—Spinelloccio ha ido esta mañana a almorzar con un amigo y ha dejado sola a su mujer, asà que asómate a la ventana y llámala y dile que venga a comer con nosotros.
La mujer, temerosa y por eso muy obediente a los deseos del marido, hizo lo que éste le mandaba. La esposa de Spinelloccio, muy rogada por la de Zeppa, acudió al saber que el marido no irÃa a comer a casa, y cuando llegó, Zeppa le hizo mucho alago y la tomó de la mano familiarmente y, ordenando a su esposa que se fuese a la cocina, la llevó sin rodeos a su estancia y, volviéndose, cerró por dentro. Viendo la mujer que cerraba, dijo:
—¿Qué es esto, Zeppa? ¿Para esto me has hecho venir? ¿Éste es el cariño que tienes a Spinelloccio y la buena compañÃa que le haces?
Zeppa, sujetándola bien y acercándose al arca donde estaba encerrado su marido, repuso: