El Decamerón
El Decamerón —Tú no me creÃas hoy cuando te hablaba, mas por cierto, cofrade, que las cosas que quiero las hago mejor que cualquier otro. ¿Qué otro hubiese sabido enamorar tan pronto a una mujer tan linda como ésta? ¡A buena hora lo habrÃan hecho asà esos mozalbetes de pan y cebolla que se pasan el dÃa yendo de un lado a otro y en un año no sabrÃan acopiar tres manos de nueces! ¡Ya verás, ya verás cuando yo coja la mandolina! Y has de saber que no soy lo viejo que te parezco, y ella bien lo ha notado, pero de otro modo se lo haré notar cuando me ponga encima, porque tal juego le haré que me seguirá como la sombra al cuerpo.
—Sà que la atraparás —dijo Bruno—, y ya me parece verte mordiéndole con esos dentarrones su boca bermeja y sus mejillas que parecen dos rosas, hasta comértela toda.