La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía ”¿Qué más? Él sabía las causas por las cuales los vientos rumorosos ya rizan la superficie de los mares, ya sacuden su seno en gigantescas olas; cuál es el alma inmutable que gobierna al mundo; por qué los astros que se hunden en el mar de las Hespérides despiertan rutilantes por Oriente; con qué ley se suceden las plácidas horas de la primavera para que ésta adorne la tierra con rosadas flores; quién hace que al término del año muestre el otoño la exuberancia de su fecundidad en jugosos frutos... Esto solía él tratar en sus versos, como así también otros misterios ocultos de la naturaleza que él desentrañaba...16
”Mas ahora, vedle aquí abatido, apagadas las luces de su mente, cargadas a su cuello pesadas cadenas, que le hacen inclinar, abrumado, su frente para no ver, ¡desgraciado!, otra cosa que la tierra inerte en la cual va a sepultarse...
1.– ”Pero no es ahora tiempo de lamentos —dijo la mujer aparecida—, sino de poner el remedio”.
2.– Y fijando en mí sus fúlgidos ojos: “¿No eres tú —me dijo— el que, alimentado un tiempo con mi propia leche y educado bajo mis solícitos cuidados, te habías desarrollado hasta adquirir la energía de un hombre?
