La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 3.– ”Yo te proporcioné armas que, de haberlas conservado, te hubieran permitido defenderte con invicta firmeza.
4.– ”¿No me conoces? ¿Por qué ese silencio? ¿Es la vergüenza o es el estupor lo que te hace callar? ¡Ojalá fuese la vergüenza! Pero no, ya veo que te anonada el estupor”.
5.– Y viéndome no sólo callado, Sino en verdad mudo y aturdido, acercó dulcemente su mano a mi pecho y dijo: “No hay peligro; es sólo un letargo lo que sufre, la enfermedad de todos los desengañados.
6.– ”Ha perdido momentáneamente la consciencia; no le será difícil recobrarla, si llega a reconocerme. Para que pueda conseguirlo voy enseguida a limpiar sus ojos, Oscurecidos por la nube de cosas terrenales”.
7.– Dijo, y con un pliegue de su vestidura enjugó mis ojos bañados en llanto.