La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 26.– ”Y ya que te veo en disposición de comprenderme mejor, voy a aducirte nuevas y multiplicadas demostraciones. Observa, en efecto, cómo se patentiza la debilidad de los viciosos al no poder conseguir su fin aun cuando se sientan impelidos y como arrastrados a ello por una tendencia natural.
27.– ”¿Y qué serían, si estuvieran privados de ese auxilio tan poderoso” y casi invisible que les presta la naturaleza, enseñándoles el verdadero camino?
28.– ”Considera la fatal impotencia que encadena a los malvados. Porque no se trata de fútiles recompensas, como ésas que se distribuyen en los juegos; es el bien esencial, el más elevado, lo que ellos pretenden alcanzar, sin poder conseguirlo. ¡Desgraciados ellos, que no logran el éxito en la única empresa que meditan día y noche, en lo que precisamente demuestran los buenos su poder y capacidad!
29.– ”En efecto, si caminando a pie pudiera alguien llegar hasta un lugar tal que más allá de él no hubiera espacio accesible, lo juzgarías como el más fuerte y capaz para la marcha; pues de la misma manera, el que llega hasta el límite de todo lo deseable, más allá de lo cual nada se pueda apetecer, necesariamente ha de ser proclamado vencedor y el más poderoso.