La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 33.– ”Pero dirás: ¿qué importa que no sean necesarios, si de todas maneras se han de producir por el hecho de estar en la presciencia divina, que se parece muchísimo a la necesidad?
34.– ”Recuerda solamente lo dicho al exponerte el ejemplo del sol que está saliendo, a la vez que va caminando un hombre: en el momento en que estos hechos se verifican no pueden menos de verificarse; pero el primero, aun antes de existir, llevaba en sí la necesidad de producirse, y el segundo no estaba sujeto a semejante necesidad.
35.– ”Del mismo modo las cosas que Dios tiene ante sí presentes, ineludiblemente se producen; pero unas proceden de la necesidad y otras, de la libre facultad del agente.
36.– ”Con razón, pues, te dije, que los hechos libres, referidos al conocimiento divino son necesarios; pero considerados en sí mismos, están exentos de toda necesidad: al igual que un conocimiento sensible, considerado por la razón, reviste aspecto universal; pero mirado en sí mismo, no pierde su carácter particular.
37.– ”Podrás objetar: si tengo la facultad de cambiar de propósitos, puedo anular la Providencia, desde el momento en que me es posible alterar sus previsiones.