La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 19.– ”Y esto, ¿por qué? Sencillamente, porque a vosotros os gusta dar nombre falso a las cosas, atribuyéndoles naturaleza muy distinta de la que tienen; pero después los hechos vienen a desmentiros: he ahí por qué ni vuestras riquezas, ni vuestro poder, ni vuestras dignidades merecen llamarse con esos nombres.
20.– ”Para terminar, te diré que esta conclusión puede hacerse extensiva a todo lo que la Fortuna proporciona; la cual ciertamente nada tiene que sea apetecible, nada que posea valor intrínseco. Además, no siempre ayuda a los buenos; y si favorece a los malos, no por eso los mejora.
”Sabemos de las ruinas que, después de condenados a muerte los senadores y entregada Roma a la voracidad de las llamas, acumuló en montones informes aquel monstruo que, tras de haber muerto a su hermano, manchó sus manos con la sangre de su madre asesinada, paseando sus torpes miradas por el yerto cadáver, sin derramar una lágrima, censor insensible de aquella muerta belleza.
”Y, sin embargo, tenía bajo su poder a los pueblos que Febo saluda al subir de entre las ondas cuando despierta en el oriente, y a aquellos que se ocultan bajo el Septentrión y a los que abrasa el soplo violento del noto meridional cuando de nuevo caldea las arenas con su fuego.