La Consolación de la filosofÃa
La Consolación de la filosofÃa 8.– “¿Quién ha dejado acercarse hasta mi enfermo15 a estas despreciables cortesanas de teatro, que no solamente no pueden traerle el más ligero alivio para sus males, sino que antes bien le propinarán endulzado veneno?
9.– SÃ, con las estériles espinas de las pasiones, ellas ahogan la cosecha fecunda de la razón; son ellas las que adormecen a la humana inteligencia en el mal, en vez de libertarla.
10.– ¡Ah! Si vuestras caricias me arrebataran a un profano, como sucede con frecuencia, el mal seria menos grave, porque en él mi labor no se verÃa frustrada; pero ¿es que ahora queréis quitarme a este hombre alimentado con las doctrinas de Elea y de la Academia?
11.– Marchad, alejaos más bien de este lugar, Sirenas que fingÃs dulzura para acarrear la muerte; dejadme a este enfermo, al cual yo cuidaré con mis númenes, hasta devolverle la salud y el bienestar
12.– Ante tales increpaciones, las musas que me asistÃan bajaron los ojos; y, cubiertos los rostros con el rubor de la vergüenza, transpusieron el umbral de mi casa.