La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 15.– ”Antiguamente, la dignidad de pretor suponía un poder inmenso; hoy, en cambio, se reduce a un nombre vano, peor todavía, a una pesada carga para el orden senatorial. Igualmente, era tenido por gran personaje el que se nombraba prefecto de abastos y recursos para el pueblo; ahora es cosa tan baja que nadie apetece ya ese cargo.
16.– ”Porque, como ya te he dicho, lo que carece de valor intrínseco hoy parece que brilla para mañana eclipsarse, según el gusto de la opinión.
17.– ”Si, pues, las dignidades no acarrean el respeto, si, más aún, se manchan al contacto de los malvados, si pierden su esplendor con la vicisitud de los tiempos, si, por último, la opinión de los hombres es capaz de rebajarlos, ¿qué bondad o belleza apetecibles pueden encerrar en sí ni menos dar a los hombres?
”Aunque Nerón para el adorno de su persona gastaba la púrpura de Tiro y se cargaba de diamantes, todo el mundo aborrecía el esplendor y lujo desenfrenado del tirano. Pero el malvado quería ganarse las voluntades dando a venerables senadores indignas sillas curules: ¿quién a vista de tal proceder creerá aún que la felicidad pueda hallarse en los honores que otorgan los miserables?