El aliento de los dioses
El aliento de los dioses Esa noche, cuando los sirvientes la escoltaron de vuelta a sus aposentos, Siri no se acostó. Se quedó junto a la ventana, observando las luces de la ciudad. Si querÃa sobrevivir, si querÃa descubrir la verdad, tendrÃa que jugar mejor de lo que ellos esperaban.
Vivenna ya no era la princesa que habÃa llegado a Hallandren. Ahora se movÃa por los mercados como una sombra, usando su inteligencia para ganarse la confianza de la resistencia. HabÃa aprendido a negociar con criminales, a ocultar su cabello bajo capas oscuras para no delatar su identidad.
Pero cada dÃa que pasaba, sentÃa que algo dentro de ella se rompÃa.
Sondeluz la encontraba en los momentos menos esperados.
—Sigues creyendo que eres la heroÃna de esta historia —se burló, apoyándose contra una pared de piedra.
—¿Qué quieres decir? —espetó Vivenna.
—Que las verdades absolutas no existen. ¿Realmente sigues creyendo que los sacerdotes son los únicos enemigos? ¿Que Idris es un paÃs puro e incorruptible?
Vivenna apretó los dientes. No querÃa escucharle. No podÃa.
Pero entonces, uno de los lÃderes de la resistencia, el hombre en el que más confiaba, la traicionó.