Agnes Grey
Agnes Grey —Mary también me dice que he cambiado, y no me extraña, porque me pasaba el dÃa entero sumida en un estado de agitación y de ansiedad. Pero estoy decidida a tomarme las cosas con mucha más calma.
Finalmente, mi madre prometió volver a ayudarme a condición de que esperase con paciencia. Le pedà que hablara del asunto con mi padre, de la forma y en el momento que creyera convenientes, sin dudar nunca de su habilidad para convencerle.
Mientras tanto me dediqué a escudriñar las columnas de anuncios de los periódicos y a responder a todos los «Se busca una institutriz» que parecÃan buenas colocaciones. Pero todas mis cartas, igual que las respuestas, debÃan recibir el visto bueno de mi madre; y, una vez tras otra, para mi pesar, me hacÃa rechazarlas. Unos le parecÃan gente de baja categorÃa, otros demasiado exigentes y otros ofrecÃan un salario demasiado pequeño.
—Tu talento, Agnes, no es el de cualquier hija de clérigo pobre —me decÃa— y no debes malgastarlo. Recuerda que prometiste ser paciente: no hay ninguna prisa, tienes mucho tiempo por delante y todavÃa pueden presentarse cosas mejores.
Por último, me aconsejó que yo misma pusiera un anuncio en el periódico, detallando mis conocimientos.