Agnes Grey
Agnes Grey No solo me limité a «llamarle la atención con delicadeza», sino que intenté convencerla de lo equivocado de su conducta y del mal efecto que producía en los oídos de la gente educada. Todo en vano. La única respuesta que obtenía era una carcajada burlona y un:
—¡Oh, señorita Grey, cómo se escandaliza! ¡Qué gracia me hace!
O bien:
—¡Qué quiere que haga, no puedo evitarlo! Papá no debió enseñarme: lo aprendí de él y quizá, también, un poco del cochero.