Agnes Grey
Agnes Grey —Porque —dijo, sonriendo pÃcaramente a su propia imagen en el espejo— se ha mostrado como un feligrés ejemplar estos últimos domingos. Hasta se creerÃa que es un buen cristiano. Y puede venir con nosotras, señorita Grey, me gustarÃa que le viera. ¡Ha mejorado tanto desde su vuelta del extranjero! ¡No se lo puede imaginar! Además, tendrá la ocasión de ver otra vez al apuesto señor Weston y oÃrle predicar.
Efectivamente, le oà predicar y confirmé que me gustaba la verdad evangélica de su doctrina, igual que la extrema sencillez de sus ademanes y la claridad y fuerza de su estilo.