Agnes Grey
Agnes Grey El señor Hatfield había recibido, sin duda, un golpe muy duro; pero su orgullo le obligaba a ocultarlo. Sus esperanzas de conseguir no solo una esposa bella y, para él, muy atractiva, sino también de un rango y una fortuna que hubiesen dado brillo a encantos muy inferiores, se habían visto frustradas. Era indudable que aquel rechazo le mortificaba y que se sentía profundamente ofendido por la conducta de la señorita Murray.
Le habría consolado no poco saber la gran decepción de ella al verle tan poco afectado en apariencia y comprobar que había sido capaz de no mirarla ni una sola vez en todo el servicio; aunque Rosalie declaró que eso demostraba que estaba pensando en ella todo el tiempo y, que, de no ser así, la habría mirado, aunque hubiese sido por mero azar. Claro que si esa casualidad se hubiera producido, habría afirmado que la había mirado porque no podía resistir la tentación.
También le hubiera agradado, en cierta medida, ver lo alicaída e insatisfecha que se mostró durante toda la semana siguiente —o, al menos, en su mayor parte— al faltarle su principal fuente de animación; y lo a menudo que se lamentaba de haberle «despachado tan pronto»; como una niña que, después de haber devorado un pastel, se quedara sentada, chupándose los dedos y lamentándose de haber sido tan ansiosa.