Agnes Grey

Agnes Grey

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Después, al observar las huellas de un caballo en la carretera embarrada, se preguntó «si el jinete sería un caballero», concluyendo que sí, porque las marcas eran demasiado pequeñas para ser las de un «torpe caballo de tiro». Luego se preguntó «quién podía ser el jinete», y si era posible que nos lo encontráramos en su camino de vuelta, porque estaba segura de que había pasado por allí aquella misma mañana. Por último, cuando entramos en el pueblo y comprobó que por sus calles solo transitaba alguna gente humilde, se preguntó «por qué aquella gente estúpida no se quedaba en sus casas», no tenía ningunas ganas de ver aquellas caras feas y aquellas ropas tan sucias y vulgares, «¡no había ido a Horton para eso!».

Entre todo aquello, debo confesar que también yo me preguntaba algo en secreto: si nos encontraríamos o vería de lejos a otra persona. Y, en el caso de que pasáramos por el lugar donde se hospedaba, si estaría en la ventana.

Al entrar en la tienda, la señorita Murray me pidió que, mientras hacía sus compras, me quedara en el umbral de la puerta para informarla si pasaba alguien. Pero, ¡ay!, aparte de los lugareños y de Jane y Susan Green —que bajaban por la única calle del pueblo, seguramente de vuelta de un paseo— no vi a nadie.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker