Agnes Grey
Agnes Grey Pronunció esta última palabra con gran énfasis y con una mirada un poco impertinente y maliciosa. Él no pareció darse cuenta y contestó, con el mismo énfasis, aunque seriamente:
—Espero que continúe siendo tan feliz.
—¿Lo cree usted posible? —me atrevà a preguntar, aprovechando que Matilda habÃa salido corriendo, detrás de su perro, que perseguÃa a una liebre.
—No sé qué decirle —replicó él—. Puede que sir Thomas sea mejor persona de lo que yo pienso pero, por todo lo que he oÃdo, me parece una lástima que una muchacha tan joven, tan alegre y tan… interesante, para expresarlo en una sola palabra, cuyo mayor defecto, si no el único, parece ser su despreocupación… no un defecto pequeño, la verdad sea dicha, porque hace que quien lo tiene esté expuesto a muchas tentaciones… En cualquier caso, me parece una lástima que haya ido a parar con un hombre de esa naturaleza. Supongo que ha sido la voluntad de su madre, ¿no es asÃ?
—SÃ, aunque creo que también la suya, porque siempre se burló de mis intentos por disuadirla de dar ese paso.
—¿Intentó disuadirla? Entonces al menos tendrá la satisfacción de saber que, si termina mal, no habrá sido culpa suya. Por lo que se refiere a la señora Murray, no sé cómo puede justificar su conducta. Si tuviese suficiente amistad con ella, se lo preguntarÃa.