Agnes Grey
Agnes Grey —Parece increÃble, pero algunas personas piensan que la posición social y la riqueza son los bienes más importantes de la vida, y con asegurárselos a sus hijos creen cumplido su deber.
—Es cierto, pero ¿no le parece extraño que personas experimentadas, y además casadas, tengan un juicio tan equivocado?
Matilda volvió en ese momento, jadeante y trayendo en la mano el cuerpo herido de una pequeña liebre.
—¿Era su intención matar a esa liebre o salvarla, señorita Murray? —preguntó el señor Weston, sorprendido ante la expresión radiante de ella.
—Mi intención era salvarla —respondió ella, con sinceridad—, porque estamos en mitad de la época de veda; pero la verdad es que me ha gustado verla morir. De todas formas, los dos son testigos de que no he podido hacer nada por salvarla: Prince estaba decidido a hacerse con ella, la cogió por el lomo y la mató en un minuto. ¿No creen que ha sido una caza justa?
—¡Oh, sÃ, mucho! ¡Para una señorita!
HabÃa un velado sarcasmo en el tono de su respuesta que no pasó inadvertido a Matilda. A continuación, ésta se encogió de hombros y, volviéndose hacia mà con un significativo «¡Bah!», me preguntó si me habÃa divertido el espectáculo.