Agnes Grey
Agnes Grey Nada más leerla, pedí permiso para adelantar mis vacaciones y marcharme inmediatamente.
La señora Murray me miró sorprendida, como si no entendiera la inusitada energía y aplomo con la que formulaba mi petición, y me dijo que no creía que la situación fuera tan desesperada. No obstante, terminó por darme su permiso, no sin antes dejar claro que «no había ningún motivo para preocuparse de tal forma por el asunto… que quizá no fuera sino una falsa alarma… que, además, no dejaba de ser un acontecimiento más en el curso de la naturaleza… que todos debíamos morir algún día, y que yo no era la única persona afligida en el mundo». Finalmente, me ofreció el faetón para que me llevara a O.
—Y en vez de lamentarse, señorita Grey, dé gracias por los privilegios de que disfruta. Hay más de un clérigo pobre cuya muerte sumiría a su familia en la ruina, pero usted tiene amigos influyentes que están dispuestos a continuar ayudándola y a mostrarle toda clase de consideraciones.