Agnes Grey
Agnes Grey Mary se ofreció a prestarnos sus ahorros, pero mi madre los rechazó, diciendo que debíamos empezar de forma modesta. Esperaba que, uniendo lo que yo tenía, o una parte, a lo que pudiera obtener de la venta de nuestros muebles y a lo poco que nuestro querido padre había conseguido ahorrar para ella, una vez pagadas sus deudas, tendríamos lo suficiente para la Navidad, y era de esperar que para entonces nuestros esfuerzos comenzaran a dar sus frutos.
Finalmente acordamos adoptar este plan y decidimos ponernos manos a la obra enseguida; mi madre se encargaría de hacer las averiguaciones necesarias, yo regresaría a Horton Lodge al término de las cuatro semanas de vacaciones y, una vez estuviera todo dispuesto para la inauguración de nuestra escuela, notificaría a la familia mi marcha definitiva.
Discutíamos sobre estas cosas la mañana a la que he hecho mención, unos quince días después de la muerte de mi padre, cuando el cartero trajo una carta para mi madre. Al verla, el rubor cubrió sus mejillas, en los últimos tiempos muy pálidas por las noches de vigilia y el profundo dolor.
—¡Es de mi padre! —exclamó, apresurándose a abrir el sobre.