Agnes Grey
Agnes Grey Naturalmente, ambas aplaudimos la resolución de nuestra madre. Mary recogió las cosas del desayuno, yo traje la escribanía y mi madre escribió y envió la carta enseguida.
Desde aquel día no volvimos a saber nada de nuestro abuelo, hasta que, mucho tiempo después, vimos su esquela mortuoria en el periódico: todos sus bienes pasaban, por supuesto, a manos de nuestros ricos y desconocidos primos.