Agnes Grey
Agnes Grey «Enorme locura, demasiado absurda para aceptar sus contradicciones, meras invenciones de la imaginación de las que deberías avergonzarte. Basta con que reconozcas tu escaso atractivo, tu antipático retraimiento o tu ridícula timidez, que deben hacerte parecer una persona fría, triste, extraña y hasta colérica… Hubiera bastado con que reconocieras estas cosas desde el principio, y no habrías albergado pensamientos tan presuntuosos, y, ya que has sido tan tonta, arrepiéntete, corrígete y acaba con el asunto».
No puedo decir que obedeciera implícitamente las órdenes que yo misma me daba; pero estos razonamientos fueron adquiriendo fuerza cada vez mayor a medida que el tiempo pasaba y no tenía ninguna noticia del señor Weston. Hasta que incluso mi corazón me dijo que esperaba en vano y renuncié a toda esperanza. Sin embargo, continué pensando en él, acariciando su imagen y atesorando cada palabra, mirada y gesto que mi memoria podía recordar; continué repasando sus virtudes y los rasgos de su carácter; en realidad, todo lo que había visto, oído o imaginado sobre él.