Agnes Grey
Agnes Grey Pero debía aprovechar esta pausa: tenía preguntas que hacerle y, como en las posdatas de las cartas de una dama, lo más importante debía esperar para el final.
Así, comencé por preguntarle por el señor y la señora Murray, por la señorita Matilda y por sus hermanos pequeños.
Me dijo que su papá sufría de gota, lo cual agriaba mucho su carácter, y que se negaba a privarse de sus vinos preferidos, de sus comidas y sus cenas, lo que le había llevado a discutir con su médico, solo porque éste se había atrevido a decirle que ninguna medicina le curaría si no abandonaba esos hábitos. También me dijo que su mamá y sus hermanos estaban bien. Matilda seguía siendo salvaje y arisca, pero tenía una institutriz de modales elegantes que la había hecho mejorar un poco, y pronto sería presentada en sociedad. En cuanto a John y a Charles (ahora en casa por vacaciones), eran, según todo el mundo, unos chicos «estupendos, arrojados, ingobernables y traviesos».
—¿Y los demás? —pregunté—. ¿Cómo están los Green, por ejemplo?