Agnes Grey
Agnes Grey —¿Y qué ha sido del señor Hatfield? —pregunté.
Su cara se iluminó de nuevo y me respondió alegremente:
—¡Oh! Se buscó a una vieja solterona y se casó con ella no hace mucho. Puso en un platillo de la balanza la fortuna de ésta y en otro sus marchitos encantos, y decidió que el oro le consolaría de su fracaso amoroso. ¡Ja, ja, ja!
—Bueno, ya sé algo de todos… excepto del señor Weston, ¿qué es de su vida?
—No lo sé. Se marchó de Horton.
—¿Hace cuánto tiempo? ¿Adónde se fue?
—No sé nada de él —contestó, bostezando—, salvo que se fue hará un mes, y nunca pregunté adónde.
Le habría preguntado si se había marchado por alguna causa personal o, simplemente, había sido trasladado a otra vicaría, pero no me atreví.