Agnes Grey
Agnes Grey —¿Cree usted que voy a molestarme en divertirle? No, no es ésa la idea que tengo de lo que debe ser una esposa. Es el marido el que debe complacer a su esposa y no al revés. Y si él no está contento con la forma de ser de ella, ni se siente agradecido de tenerla a su lado…, no la merece, eso es todo. En cuanto a mi poder de persuasión, le aseguro que no me voy a molestar en ejercitarlo: ya tengo bastante con soportarlo tal y como es, como para intentar reformarlo. Pero siento mucho haberla dejado sola tanto tiempo, señorita Grey. ¿Qué ha estado haciendo?
—Me he dedicado a mirar a los grajos casi todo el tiempo.
—¡Dios mÃo, cuánto se habrá aburrido! Tengo que enseñarle la biblioteca. Utilice la campana siempre que quiera algo, exactamente como harÃa en un hotel, y, por favor, siéntase en casa. Tengo razones egoÃstas para desear que se encuentre a gusto, porque quiero que se quede conmigo y que no cumpla esa horrible amenaza que me hizo de marcharse corriendo dentro de un dÃa o dos.
—Bueno, en ese caso, no quiero ser responsable de que se ausente del salón por más tiempo esta noche. Estoy cansada y me gustarÃa irme a la cama.