Agnes Grey
Agnes Grey Por interesante que fuera el panorama, sin embargo, no podía esperar a verlo, porque el sol y el mar me deslumbraban al mirar en esa dirección; de forma que me volví nuevamente para deleitarme con la visión del promontorio en el que me hallaba y con el sonido del mar que rompía suavemente, pues las olas perdían intensidad, enredándose en las algas y en las rocas sumergidas que lo rodeaban, y sin las cuales la espuma me habría salpicado.
Pero subía la marea, los charcos y las pequeñas lagunas se llenaban de agua, los torrentes se ensanchaban: era el momento de buscar un lugar más seguro para caminar. De forma que tuve que andar con cuidado, saltar y tambalearme varias veces hasta alcanzar de nuevo la suave arena de la playa, decidiendo avanzar hasta un punto sobresaliente del acantilado y regresar después.
En aquel momento, percibí el sonido de un animal que husmeaba detrás de mí y, al volverme, me encontré con un perro que daba brincos y vueltas en torno a mis pies. ¡Era mi querido Snap… el pequeño terrier de pelo oscuro y rizado! Cuando pronuncié su nombre, me saltó a la cara, gimiendo de alegría.