Agnes Grey
Agnes Grey Continuamos caminando en un breve silencio que, para mi alivio, el señor Weston rompió haciendo algunos comentarios sobre la claridad de la mañana, la belleza de la bahÃa y las ventajas que A. tenÃa sobre otros lugares de descanso de moda.
—¿No quiere preguntarme qué me ha traÃdo a A.? —preguntó—. Me imagino que no creerá que soy tan rico como para venir a un lugar asà por placer.
—Me dijeron que habÃa dejado Horton.
—¿Y no le dijeron que me habÃan trasladado a F.?
F. era un pueblo que estaba a unas dos millas de A.
—No —contesté—. Vivimos tan apartadas del mundo, incluso aquÃ, que apenas recibimos noticias del exterior, a no ser por medio de la Gazette. Pero confÃo en que le guste su nueva parroquia. ¿Puedo felicitarle por su traslado?