Agnes Grey
Agnes Grey Algunas veces se empeñaba en escribir mal y tenía que sostenerle la mano para evitar que manchara o arrugara el papel a propósito. A menudo le amenazaba diciendo que, si no lo hacía mejor, tendría que escribir otra línea; entonces, se negaba testarudamente a escribirla, y yo, para mantener mi palabra, tenía que recurrir al método de sostenerle los dedos en la pluma y forzarle a moverla arriba y abajo hasta que, a pesar de su resistencia, de alguna forma terminaba la línea.