Agnes Grey
Agnes Grey —¡Quémala, Fanny! —gritó Tom, apresurándose ella a obedecer la orden.
Conseguà llegar para rescatarla del fuego, mientras Tom salÃa disparado hacia la puerta.
—¡Tira la escribanÃa por la ventana, Mary Ann! —gritó.
Mi preciosa escribanÃa, donde guardaba todas mis cartas y documentos, el poco dinero que tenÃa y todos mis objetos de valor, estaba a punto de ser precipitada por la ventana de un tercer piso. Volé a rescatarla. Mientras tanto, Tom habÃa salido de la habitación y corrÃa escaleras abajo, seguido de Fanny.
Después de salvar la escribanÃa, corrà tras ellos, cuando Mary Ann se escapó también. Los tres se zafaron de mà y corrieron hacia el jardÃn, donde se lanzaron a la nieve, dando gritos de exultante alegrÃa.
¿Qué debÃa hacer? Si los seguÃa, no serÃa capaz de capturar a uno solo y únicamente conseguirÃa hacer que se alejaran aún más; y si no lo hacÃa, ¿cómo iba a conseguir meterlos en la casa? ¿Y qué pensarÃan sus padres de mà si veÃan u oÃan a sus hijos, amotinados, en medio de aquella gran nevada, sin gorros, sin capuchas, sin guantes y sin botas?
Mientras me encontraba, desconcertada, junto a la puerta, intentando hacer que me obedecieran con miradas severas y duras palabras, oÃ, tras de mÃ, una voz que exclamaba en un tono áspero y taladrador: