Agnes Grey
Agnes Grey También a menudo asomaba por el aula mientras éstos estaban comiendo y los encontraba derramando la leche sobre la mesa o sobre ellos mismos, metiendo los dedos en su propia taza o en la de los otros, o destrozando la comida como cachorros de tigre. Si en aquel momento yo me mostraba tranquila, mi actitud era la de connivencia con su desordenada conducta; si, por el contrario (como frecuentemente era el caso), estaba levantando la voz para imponer el orden, utilizaba una violencia indebida y daba a las niñas un mal ejemplo de lenguaje y tono poco delicados.
Recuerdo una tarde de primavera en la que, debido a la lluvia, no podían salir al jardín. Por una rara buena suerte, habían terminado todos sus deberes y se habían abstenido de salir corriendo a importunar a sus padres, una costumbre que me molestaba sobremanera, pero que, en días lluviosos, raras veces podía evitar; porque en la planta baja encontraban novedad y diversión, especialmente cuando había visitas en la casa. Su madre, aunque me ordenaba que no los dejara salir de la clase, no les regañaba nunca si lo hacían, ni se molestaba en enviarlos de vuelta.