Agnes Grey

Agnes Grey

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Después de aquel incidente, el señor Bloomfield se asomaba continuamente a la habitación para ver si todo estaba en orden, y, como los niños se pasaban el día llenando el suelo de juguetes, palos, piedras, rastrojos, hojas y todo tipo de basura, que traían a la habitación sin que yo pudiera impedirlo o lograra que recogiesen, y que los criados se negaban a limpiar, tenía que pasar una considerable parte de mis valiosos momentos de ocio de rodillas sobre el suelo, penosamente poniendo las cosas en orden. Una vez, les dije que no probarían la comida hasta que no hubiesen recogido todo de la alfombra. Fanny podría comer cuando hubiese recogido cierta cantidad, Mary Ann podría hacer lo mismo cuando hubiese recogido el doble y Tom debía encargarse de recoger el resto.

Para mi sorpresa, las niñas hicieron su parte, pero Tom estaba tan furioso que saltó sobre la mesa, tiró el pan y la leche al suelo, golpeó a sus hermanas, empezó a dar patadas a la carbonera haciendo saltar el carbón, intentó volcar la mesa y las sillas y parecía decidido a convertir la habitación en una leonera, cuando conseguí agarrarle y mandé a Mary Ann a llamar a su madre, sujetándole a pesar de las patadas, los golpes, los gritos y los insultos, hasta que la señora Bloomfield hizo su aparición.

—¿Qué pasa con mi hijo? —dijo.


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