Agnes Grey
Agnes Grey —No pienso perdonarte. Lo que tienes que hacer es cambiar de actitud —replicó mi madre.
Pero la dureza de sus palabras se compensaba con su tono cariñoso y su dulce sonrisa, que hicieron volver a sonreÃr a mi padre con menor tristeza de la que era habitual en él.
—Mamá —le dije tan pronto tuve oportunidad de hablar con ella a solas—, tengo poco dinero y no puede durar mucho. Si pudiera ganar más, al menos conseguirÃa quitarle a papá una de sus preocupaciones. No sé dibujar como Mary, asà es que lo mejor que puedo hacer es buscar otra colocación.
—¿VolverÃas a intentarlo, Agnes?
—Claro que sÃ.
—¿No has tenido suficiente ya?
—Mamá —dije yo—, no todo el mundo es como el señor y la señora Bloomfield.
—Algunos son peores… —me interrumpió mi madre.
—No creo que haya muchos —repliqué yo—, y estoy segura de que no todos los niños son como los de ellos. Ni Mary ni yo fuimos nunca asÃ. Siempre fuimos obedientes, ¿no es verdad?