Jane Eyre
Jane Eyre —SÃ, pero de un modo pasivo. No me cuesta el menor esfuerzo, me limito a dejarme llevar. Esta bondad carece de mérito.
—Eres buena con quien te trata bien. Eso es cuanto yo deseo. Si la gente fuera amable y obediente con aquellos que son crueles e injustos, los malvados siempre se saldrÃan con la suya; nunca sentirÃan miedo ni cambiarÃan, sino que irÃan volviéndose peores cada vez. Si alguien nos golpea sin el menor motivo, lo que debemos hacer es devolver el golpe aún con más fuerza, para asegurarnos de que la persona no repita su mala acción.
—Cambiarás de opinión en cuanto crezcas. Aún eres una chiquilla inexperta.
—Pero hay algo que sé, Helen: debo odiar a aquellos que, pese a mis esfuerzos por agradarles, se empeñan en aborrecerme; debo oponerme a los que me castigan sin razón. Es tan natural como sentir amor por aquellos que te aman o aceptar el castigo cuando crees que lo mereces.
—Los bárbaros y las tribus salvajes siguen esta doctrina, pero no los cristianos ni las naciones civilizadas.
—No logro entenderlo.
—La violencia no es la mejor arma contra el odio, ni la venganza el mejor bálsamo para las heridas.
—Entonces, ¿cuál es?