Jane Eyre
Jane Eyre —¡Pero esta tarde contestaste a la perfección!
—Fue casualidad: me interesaba el tema de la lectura. Esta tarde, en lugar de soñar con Deepden, me preguntaba cómo un hombre cuyo deseo era hacer el bien pudo actuar de manera tan injusta e insensata como Carlos I. Pensaba que era una lástima que, pese a su integridad y su atención, no hubiera logrado ver más allá de los intereses de la corona. ¡Si hubiera sido capaz de distanciarse y descubrir hacia dónde se encaminaba el espÃritu de esa época! Sin embargo, me agrada Carlos I; le respeto y siento pena por él, ¡pobre rey asesinado! Sus enemigos eran aún peores que él: derramaron su sangre sin ningún derecho. ¿Cómo se atrevieron a hacerlo?
En ese momento, Helen hablaba consigo misma. HabÃa olvidado que yo apenas podÃa entenderla, ya que no sabÃa nada del tema en cuestión. Volvà al asunto que me interesaba.
—¿Y tus pensamientos también vagan cuando la clase la da la señorita Temple?
—La verdad es que no. La señorita Temple siempre tiene algo nuevo que decir, algo que se adelanta a mis propias reflexiones. Su forma de hablar me resulta muy agradable y la información que da es justo la que yo deseo obtener.
—Entonces, ¿eres buena con la señorita Temple?