Jane Eyre
Jane Eyre El nombre de la señorita Temple trajo una sonrisa al serio semblante de Helen.
—La señorita Temple es muy buena; le duele ser severa con nadie, aunque se trate de la peor alumna del colegio. Ella se da cuenta de mis errores, me los explica con amabilidad y, cuando hago algo digno de elogio, no escatima alabanzas. La prueba de que soy mala por naturaleza es que sus razonamientos suaves y racionales no tienen el menor efecto en mi conducta, ni sus alabanzas consiguen mantenerme en el buen camino, pese al gran valor que les concedo.
—Es curioso —dije yo—. Resulta tan fácil ser cuidadosa.
—No me cabe duda de que lo es para ti. Te observé en clase esta mañana y vi que seguÃas con gran atención las explicaciones de la señorita Miller. Tu mente no se apartaba del tema. En cambio, la mÃa no para de vagar de un punto a otro. A menudo, cuando debiera estar escuchando a la señorita Scatcherd y anotando lo que dice con suma atención, pierdo hasta el sonido de su voz, caigo en una especie de letargo. A veces, creo que estoy en Northumberland y que los ruidos que me rodean no son más que el arroyo que corre a través de Deepden, cerca de nuestra casa. Entonces, cuando me llega el turno de contestar, como he estado embobada y no he oÃdo ni una palabra de lo que ha dicho, no tengo la menor idea de la respuesta.