Jane Eyre

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—Señorita Temple, supongo que la tela que compré en Lowton le irá bien. Creo que es de la calidad adecuada para confeccionar las camisas de calicó, y por lo tanto adquirí también las agujas necesarias. Acuérdese de decir a la señorita Smith que olvidé hacer un memorándum de las agujas de zurcir, pero que ya se lo enviaré la semana próxima. Sobre todo, recuérdele que bajo ningún concepto dé a las niñas más de una aguja: el exceso de prodigalidad favorece el descuido y la pérdida. ¡Y, por cierto, señora, desearía que se prestara más atención al estado de las medias de lana! La última vez que estuve aquí salí al jardín trasero para examinar la ropa tendida y descubrí que muchas estaban llenas de agujeros, lo que demuestra que no habían sido zurcidas como es debido.

—Me ocuparé de que se cumplan sus indicaciones —señaló la señorita Temple.

—Y, señora, la lavandera me ha informado que algunas chicas han pedido más de un cuello limpio a la semana. Dos son demasiados, y le recuerdo que las reglas de la casa dicen claramente que uno debe ser suficiente.

—Creo que puedo explicárselo, señor. El pasado jueves, Agnes y Catherine Johnstone fueron invitadas a tomar el té en casa de unos amigos de Lowton y yo les concedí permiso para ponerse cuellos limpios para la ocasión.

El señor Brocklehurst asintió con la cabeza.


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