Jane Eyre
Jane Eyre Yo tenía mis motivos para temer esta aparición. Recordaba a la perfección las insinuaciones vertidas por la señora Reed acerca de mis perversas tendencias, así como la promesa del señor Brocklehurst de avisar a la señorita Temple y a las demás profesoras de la verdadera naturaleza de mi carácter. Había temido el cumplimiento de esta promesa desde el momento en que llegué, esperando en todo momento que ese hombre, cuya información me dejaría señalada para siempre como alguien malvado, apareciera por el colegio. Y ahora él estaba allí, al lado de la señorita Temple, hablándole al oído en voz baja. No me cabía la menor duda de que le estaba dando todo lujo de detalles acerca de mi vida pasada, y miré a los ojos de la profesora llena de ansiedad, esperando ver en ellos una expresión de repugnancia y condena hacia mí. Al estar sentada en una de las primeras filas, podía oír lo que decían y el contenido de su charla alivió mis primeros temores.