Jane Eyre
Jane Eyre —HabÃa pensado que os podÃais llevar un pedazo de tarta, pero hay tan poco pan que será mejor tomarlo ahora.
Y nos cortó unas generosas raciones.
Esa tarde nos alimentamos con manjares que nos parecieron néctar y ambrosÃa, encantadas por la sonrisa de complacencia que mostraba el rostro de nuestra anfitriona al ver cómo satisfacÃamos el hambre atrasada. Cuando terminamos la merienda y la bandeja fue retirada, nos sentamos de nuevo con ella frente al fuego y dio comienzo una conversación entre Helen y la señorita Temple a la que para mà fue todo un privilegio asistir.
En la señorita Temple existÃa un aire de serenidad y de precisión en el lenguaje que excluÃa el ardor, la excitación y el ansia; un aire imponente que despertaba admiración en quienes la observaban y escuchaban. Ese era mi estado en ese momento, pero la sorpresa más maravillosa se produjo al oÃr hablar a Helen Burns.