Jane Eyre
Jane Eyre —Estoy segura de que nos aguarda otra vida. Creo que Dios es bueno y le ofrezco mi parte inmortal sin ningún temor. Dios es mi padre, mi amigo. Le amo y creo que Él me ama.
—¿Volveré a verte cuando muera, Helen?
—Te reunirás conmigo en la misma región de felicidad, serás recibida por el mismo Padre todopoderoso. No lo dudes, querida Jane.
Volvà a preguntar, pero esta vez solo para mis adentros: «¿Dónde está esa región? ¿Existe de verdad?». Y cerré los brazos alrededor de Helen, sintiendo por ella más amor que nunca. No querÃa soltarla, no querÃa perderla, y hundà mi cara en su pecho. Ella adoptó su tono más dulce.
—¡Qué bien estoy ahora! El último golpe de tos me ha cansado un poco. Tengo sueño, Jane. Pero no te vayas. Me gusta tenerte cerca.
—Me quedaré contigo, querida Helen. Nadie podrá arrancarme de tu lado.
—¿Estás cómoda?
—SÃ.
—Buenas noches, Jane.
—Buenas noches, Helen.
Nos besamos y no tardamos en caer dormidas.