Jane Eyre
Jane Eyre No tenÃa respuesta. Puse orden en mis ideas con el fin de obtener una solución lo antes posible. Mi cerebro trabajaba cada vez más rápido, sentÃa cómo el pulso latÃa en mis sienes, pero pasé casi una hora en medio de la mayor confusión, sin sacar ningún resultado del esfuerzo. Agotada por tan arduo e inútil trabajo, me levanté y caminé por la habitación; corrà la cortina, vislumbré un par de estrellas, me estremecà de frÃo y opté por volver a la cama.
En mi ausencia, un hada buena debÃa de haber depositado la respuesta en la almohada, ya que al echarme de nuevo esta surgió en mi mente de la forma más tranquila y natural: «Aquellos que desean cambiar de trabajo se anuncian en un periódico. Tú debes hacerlo en el Herald del condado».
«¿Cómo? No sé una sola palabra de anuncios.»
La respuesta llegó rauda y veloz:
«Debes introducir el anuncio y el dinero en un sobre a nombre del editor del periódico; debes depositarlo lo antes posible en la oficina de correos de Lowton, indicando que las respuestas deben dirigirse a J. E. A la misma oficina de correos. Una semana después de haber enviado el anuncio, vas a preguntar si has recibido alguna carta a tu nombre, y en caso de que asà sea, actúas en consecuencia.»