Jane Eyre
Jane Eyre Agradecà de todo corazón la animada bienvenida de la dama y acerqué mi silla a la suya para expresarle el sincero deseo de que hallara mi compañÃa tan agradable como esperaba.
—No voy a tenerla despierta hasta muy tarde esta noche —dijo la anciana—. Van a dar las doce, y usted ha tenido un dÃa muy duro. Seguro que está cansada. Si sus pies ya han entrado en calor, la llevaré a su dormitorio. He ordenado que preparen para usted la habitación que hay junto a la mÃa. Es un cuarto pequeño, pero creà que le gustarÃa más que uno de los enormes cuartos que dan a la fachada principal. Están provistos de muebles más bellos, pero son tan oscuros y solitarios que yo misma evito dormir en ellos.