Jane Eyre

Jane Eyre

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Se puso en situación e inició «La Ligue des Rats», fable de La Fontaine. Declamó la breve obra poniendo una gran atención en la puntuación y la entonación, cambiando de voz cuando el texto lo requería y ajustando sus gestos al sentido de la historia. Todo ello era inusual para una niña de su edad y demostraba que había sido bien enseñada.

—¿Fue tu mamá quien te enseñó este poema? —pregunté.

—Sí, y ella siempre solía decirlo así: «Qu’avez vous donc? Lui dit un des ces rats; parlez!».[4] Ella me hacía alzar la mano, así, para recordarme que debía marcar el tono en la pregunta. ¿Le apetece verme bailar?

—No, ya es suficiente. Pero, después de que tu mamá se fuera al cielo, como tú dices, ¿con quién vivías?

—Con madame Frédéric y su marido. Ella cuidaba de mí, pero no somos parientes. Creo que es pobre, porque su casa no era tan bonita como la de mamá. No estuve en ella mucho tiempo: el señor Rochester me preguntó si me gustaría vivir con él en Inglaterra y yo le dije que sí. Conocía al señor Rochester desde antes que a madame Frédéric, y él siempre había sido amable conmigo y me regalaba vestidos y juguetes. Pero no ha cumplido su promesa: me ha traído a Inglaterra y él ha regresado, así que nunca le veo.


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