Jane Eyre
Jane Eyre Yo era la nota discordante en Gateshead Hall, no me parecía a nadie de allí. No tenía nada en común con la señora Reed ni con sus hijos, ni tampoco con el servicio. Y claro está, si ellos no me querían, poco iba yo a corresponderles. No podían mirar con afecto a alguien incapaz de simpatizar con uno solo de ellos, alguien distinto, opuesto a esa familia en temperamento, capacidad y tendencias; un ser sin gracia, carente a sus ojos de cualquier atractivo o interés; un ser nocivo que se indignaba ante su trato y despreciaba sus opiniones. Si yo hubiera sido una niña optimista, brillante, indolente, caprichosa, bonita y juguetona, aunque igualmente dependiente y carente de amigos, la señora Reed habría soportado mejor mi presencia, sus hijos habrían sentido un mayor compañerismo hacia mí y los criados habrían evitado convertirme en la cabeza de turco del cuarto de juegos.