Jane Eyre
Jane Eyre —Los pinté en los dos últimos periodos de vacaciones que pasé en Lowood, cuando no tenÃa otra cosa que hacer.
—¿De dónde sacó los modelos?
—De mi cabeza.
—¿La misma que lleva ahora sobre los hombros?
—SÃ, señor.
—¿Y está amueblada con otras piezas del mismo estilo?
—DeberÃa pensar que sÃ. Es decir, eso espero.
Él volvió a examinar las láminas con atención.
Mientras él se mantiene ocupado, yo te explicaré, lector, qué hay en ellas. Lo primero que debo advertirte es que no son nada especial. Los temas surgieron con fuerza en el interior de mi mente, y, mientras los veÃa con los ojos de la imaginación, antes de intentar plasmarlos, eran fantásticos; pero mi mano no lograba obedecer las órdenes de la mente, y las ejecuciones finales suponen solo un débil reflejo de lo que yo habÃa concebido en mi interior.