Jane Eyre
Jane Eyre —Por supuesto que no. Adèle no es en absoluto responsable de los errores de su madre ni de los de usted. Le he tomado cariño, y ahora que sé que es, en cierto sentido, huérfana, pues su madre la abandonó y usted no la ha reconocido como hija, aún me siento más unida a ella que antes. ¿Cómo podrÃa preferir al cachorro consentido de una familia rica que trata a la institutriz como si fuera un estorbo, a una pequeña huérfana que la considera su amiga?
—¡Si lo ve bajo ese prisma! Bien, ahora debo irme, y usted también. Oscurece.