Jane Eyre
Jane Eyre Fue el sonido de una risa demonÃaca —sorda, sofocada y profunda— que procedÃa de la cerradura de mi puerta. La cabecera de la cama estaba cerca de la puerta, y al principio pensé que el espÃritu estaba cerca de mÃ, incluso escondido bajo la almohada. Me levanté de un salto, miré alrededor y no pude ver a nadie. Mientras inspeccionaba la habitación, se repitió ese sonido macabro y supe que procedÃa del exterior. Mi primer impulso fue correr hacia la puerta y girar la llave; el siguiente, volver a gritar: «¿Quién es?».
Algo lanzó un gemido ronco. Poco después, los pasos se alejaron por el pasillo hacia la escalera que llevaba al tercer piso. HacÃa poco tiempo que se habÃa colocado una puerta frente a dichas escaleras. Oà cómo se abrÃa y se cerraba de nuevo. Después, se hizo el silencio.
«¿Es acaso Grace Poole, poseÃda por algún demonio?», pensé. Me resultaba imposible seguir sola y decidà ir a la habitación de la señora Fairfax. Me eché encima el vestido y un chal, di la vuelta a la llave y abrà la puerta con el pulso tembloroso. Una vela ardÃa en el exterior, alguien la habÃa dejado encima de la alfombra del corredor. Esto me sorprendió, pero aún me inquietó más el aire denso que llenaba el ambiente. Miré a ambos lados en busca del origen de esas hebras azuladas y percibà un penetrante olor a quemado.