Jane Eyre
Jane Eyre Si Grace hubiera sido joven y guapa, yo habría pensado que eran otros sentimientos al margen de la prudencia los que influían en la benevolencia del señor Rochester, pero la falta de atractivos físicos y la gruesa figura de la criada descartaban por completo esa idea. «Sin embargo —reflexioné—, ella también fue joven, y su juventud coincidió con la del señor; la señora Fairfax me dijo una vez que Grace llevaba muchos años en la casa. No creo que haya sido nunca guapa, pero tal vez poseyó la originalidad y la fuerza de carácter necesarios para compensar la falta de belleza. El señor Rochester se siente atraído por las personas decididas y excéntricas, y Grace es, al menos, excéntrica. ¿Y si un antiguo romance (un fenómeno muy posible dada la naturaleza impetuosa y caprichosa del señor) le ata a esa mujer, y ella hace su voluntad a cambio de mantener en secreto esa indiscreción?» Pero, al llegar a este punto, la imagen de la señora Poole acudió a mi mente —el cuerpo robusto y plano; el rostro seco, de facciones toscas e incluso groseras— y desdeñé esa suposición de inmediato. «Sin embargo —se empeñaba en sugerir esa vocecilla que habla desde el fondo del corazón—, tú tampoco eres bella y el señor Rochester se encuentra a gusto a tu lado, o al menos eso has creído en alguna ocasión, y anoche… recuerda sus palabras, su mirada. ¡Recuerda su voz!»